Jun 19, 2010

Proeza mayor

A pesar de los constantes esfuerzos, no muy intensos, pero sí persistentes de continuar sumergida en las ciénegas de la insensibilidad, te incrustaste.
Ni siquiera lo vi venir, de pronto volví la mirada y ahí estabas, justo frente a mis narices. Primero te miré y no te reconocí. Poco sospeché que tú ibas a romper esa cadena de victorias, evitando que me retirara invicta. Lo intuí, es verdad; esa sonrisa y esos ojos me decían que algo diferente iba a suceder.
Y luego de un parpadeo, ya estabas dentro. Justo un parpadeo bastó para que tú, aprovechando mi descuido -tal vez viendo como se posaba aquella mariposa sobre aquella cáscara de mandarina tirada en el pasto- te metieras.

Sí, lo acepto, fue un parpadeo pero ¿Quién sabe cuánto dura un parpadeo? Sé que un parpadeo es realizado por un párpado, pero no solo nosotros los animales tenemos párpados.
¿No me crees? Un día que hayas comido bien, y cenado ligero, sube a la azotea de tu casa en la noche, y mira hacia arriba. Si tienes la suerte de que se asome la luna entre las turbias avenidas del cielo citadino, obsérvala un buen rato. Te aseguro que notarás que te guiña el ojo. Pero no me creas nada y compruébalo. No son las estrellas las que nos guiñan el ojo, sino la luna. Y bueno, un guiño no es lo mismo que un parpadeo, pero ambos requieren párpados, espero en eso estés de acuerdo.
Tú te incrustaste en un parpadeo de luna. No me preguntes cuánto dura eso, soy ignorante y eso es una de las muchas cosas que ignoro. Sólo sé que fue en un parpadeo de luna. Y me sacudiste por adentro, me diste a entender que ahora sí había sido vencida y que luchar de ahí en adelante sería en vano. Lo entendí, soy testaruda, pero esta vez lo entendí. No sé como hiciste para que entendiera tan pronto. Luego dudaste, no supe que había pasado. Me sabía vencida, y también sabía que mi derrota era independiente de que tú decidieras no asumir tu victoria y retirarte antes de mancharte un poco de mi sangre o lágrimas, dependiendo de la violencia que utilizaras para vencerme.

Yo consideré tu lucha una muy pacífica, racional, sutil, diría yo. Es probable que yo estuviera cansada de las luchas pasadas, y por eso no mostré mucha resistencia, es probable también –y en mucho mayor medida, realmente- que tu sonrisa, tus ojos y tu voz hayan sido decisivos en el proceso de embelesamiento que me hizo descuidarme durante el tiempo que dura un parpadeo lunar y que no sé trasladar al sistema de medición que asignamos al tiempo.

Lo importante es que después decidiste que sí querías tu victoria, y es por eso que ahora, después de que me ganaste, no hay podio, nadie está en el primer o segundo lugar. En vez de podio, hay un puente colgante, dinámico, intrépido, divertido, y horizontal. ¿Sabes que horizontal, tomando en cuenta que medimos casi lo mismo -del cielo a nuestras cabezas, si quieres verlo napoleónicamente- significa igual? Miro a mi lado y veo tus ojos. Respiro a la derecha e inspiro tu nariz. Muevo mis labios y encuentro los tuyos, los beso, por supuesto. Escucho al lado mío, y oigo tus oídos, percibir a mi lado y siento tus manos. Me inclino al lado y noto tu presencia, tu cuerpo. Está a la misma altura que el mío. Ya no hay vencidas, no hay derrota ni victoria, sometidas, esclavos ni conquistadoras.

Ahora que estás aquí, después de abrirme de par en par y hacerme mirar dentro, veo que no fui vencida, sino redimida, que no perdí nada sino lo encontré todo, que no te tengo sino nos tenemos, que no estoy contenta sino soy feliz, que no lloro sino lluevo, que no huyo, sino permanezco. Ahora que estás aquí, y no hay nada que analizar, que te quiero y me quieres, que llegaste y llegué, ambas al mismo tiempo y al mismo lugar, ahora sé que sólo estamos tú y yo. Lo demás son minucias necesarias que hacen que el mundo siga rotando y trasladándose para que cada día haya un sol y cada noche una luna; y así cada día amanezcas tú y anochezca yo, amanezca yo y anochezcas tú, y a veces, algunas veces, el cielo entero se eclipse para que todo, lo que tú conoces y yo desconozco, lo que tú ignoras y yo pretendo saber, continúe como hasta ahora y estemos, otra vez y por un tiempo indeterminado que podría ser el de un bostezo del sol, juntas tú y yo.

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