Un día vi tus ojos,
cuando de ellos asomaba
un deleitoso misterio,
que seductor me llamaba
lo escuché, me acerqué
y me invadió tu aroma
guiada por el viento
que pastorea las nubes gustoso
Sentí sobre mi cabeza
como el viento pastor
moldeaba las nubes
en figuras inverosímiles
que cómplices sonreían.
Un día toqué tus labios
sin tregua, con los míos,
y entre ellos comenzó
un diálogo porfiado, platónico
se hablaron, conversaron
con palabras húmedas y blandas,
y mi corazón, furibundo
quería huir de mi pecho
sentí sobre mi piel
como inundaba en matices
a las cordilleras el sol,
que se abandonaba al descanso.
Un día intenté arrobada
espiar los sutiles pensamientos
que habitan tu memoria
e incitan mi osadía
mi ser quiso desbordarse,
mezclarse con el tuyo,
como óleos distraídos
en una brocha impresionista.
Desde ese día, lo sé,
el lápiz certero del recuerdo
dibuja incesante tu imagen
en el pliego de mi anhelo inquieto.
Polimorfías deconstructivas
En miras de ser algo más de lo que se puede ser, las palabras son la única guía en el camino, a pesar de su humilde limitación, las infinitas posibilidades de construir y deconstruir, de mezclar y entremezclar, crean también infinitas posibilidades de pensamiento y acción.





