Te noté de lejos, lo sabes, te noté antes que los pájaros cantaran su dulce melodía de atardecer, antes que las hojas temblaran en los árboles por el viento suave que las acariciaba, antes que la luna asomara su brillante sonrisa entre las colinas…
Y fue entonces cuando mis pupilas se dilataron, crecieron como un eclipse de sol a mediodía, en un afán loco por querer abarcar más de tu hermosa figura que ante mí, reía. Te acercaste, mi corazón comenzó a bailar un ritmo suave, incesante. Escuché tu nombre, inusual como tu belleza, que recorría el aire y llegaba a mis oídos. Intercambiamos palabras, sonrisas, ideas, y te metiste en mi mente, muy adentro, muy adentro. Escuché tu risa, inhalé tu aroma, sentí tu anhelo, rocé tus labios, derroté tu lengua, derrotaste mi alma. Y desde entonces, poco a poco, aunque pensaba imposible ya, te metías más y más: en mis poros, en mi mente, en mi alma, en mi piel, en mis entrañas, en mis venas… me llenabas de ti, más y más, sentía que iba a explotar, y desbordaba de amor. Me desbordé en ti, sobre ti, sobre tu piel, quería rodearte toda, llenarte tanto de mí, darte todo lo que me dabas, darte más de lo que tenía. Y así fue que un día, sin darnos cuenta, entremezcladas en la pasión, te tenía y me tenías, nos teníamos, éramos dos, éramos una, éramos mil y todo lo podíamos.
Y todo lo podemos, si lo queremos. Cuando te fuiste, te llevaste una parte, de lo que me habías dado y ya era parte de mí. Pero no te lo llevaste todo, sigo llena de ti, aún desborda mi amor, escurre por cada uno de mis poros, se evapora en mis lágrimas, se asoma en el brillo de mis ojos, y juguetea en mis labios como una dulce palabra. Estás en mí, eres parte de mí, nunca podría sacarte, nunca querría sacarte. Y sé que también estoy en ti, porque me duele cuando te duele, soy feliz cuando lo eres. Te siento en mi sangre, me siento en la tuya. Esto ha trascendido, los límites del tiempo y el espacio. No se lo digas a nadie, es un secreto oculto. Nadie sabe que es real, que el amor en verdad existe, y va más allá del sexo y la necesidad. No lo digas en voz alta, no vaya a ser que nos envidien, y quieran arrancárnoslo todo. Y ahora lo sé, siempre fui tuya y siempre lo seré, eres mía también, pero no nos poseemos: nos tenemos mutuamente, en la libertad de saber, que soy tuya porque quiero, y eres mía porque lo deseas. Este amor lo escogimos, lo tenemos, lo cuidamos, porque en el fondo sabemos, que encontramos esa verdad, que los filósofos anhelan, que los científicos dudan, que los románticos mencionan, pero que sólo tú y yo conocemos: amor, es nuestro secreto, lo sé en el alma, sábelo en el alma, es Amor, con la imponente mayúscula que pocos se atreven –y con razón- a poner.
Por ello quiero quedarme a tu lado siempre: sería la única manera de agradecer al destino, el amoroso gesto de cruzar nuestros caminos ese viernes, de unir nuestras vidas en voluntario vínculo, fuerte, ardiente, irresistible, eterno, vivo, inmanente…
Te Amo, con mayúsculas, de verdad, como nunca, a nadie.
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