Jun 2, 2008

Terapia

Las manos tiemblan, las palmas sudan, los ojos lloran, la boca hiere y los oídos juzgan. Todos quieren ser como todos, todos quieren convertir a todos. Tememos al otro, pero lo necesitamos, Sin otro, no somos nadie, con otro, entramos en pánico. Nuestra existencia inestable, no sabe ya ni qué quiere, ni qué necesita, ni qué pretende. ¿Dejar ser al otro? Imposible, nuesta dialéctica lo impide, queremos que sea como nosotros, pero nunca queremos que sea igual. Nuestro intento por hacerlo semejante es solo una expresión de nuestro deseo por marcarlo, señalarlo, reprobarlo como es. Nosotros mismos somos otro, pero un otro oculto, reprimido, que no dejamos salir, porque queremos siempre ser como todos, nunca un otro. Esos temores explotan, en pequeñas dosis de odio por el que es distinto, de aversión por nuestra propia otredad.
Nadie entiende nada, la confusión múltiple revolotea, a cada instante en nuestras cabezas. A fin de cuentas, todos somos otro.

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