Jun 12, 2007

El pensamiento

El pensamiento y la razón, hermosos paliativos para el corazón. Verdades inexistentes, mentiras incoherentes, y lo único que podemos decir al final del camino es ¿para qué sirve? Pero esa pregunta, tergiversada, manipulada, en realidad quiere decir ¿para qué le sirve a Dios? Y dios no es un señor barbón, un treintón flacucho y ensangrentado, un elefante de seis brazos ni un ente inconceible e innombrable, no, no es ninguno de ellos, es otro que se llama Mercado. Nuestras construcciones mentales, nuestra divina ciencia, nuestras amadas teorías, nuestros honrosos inventos, son nuestra pobre y errática creación de una realidad. Nuestro mundo virtual, conveniente y complaciente, donde creemos que hay pasado, que hay futuro, que el dinero existe, que la amistad persiste, que la tecnología salva, que la patria manda, y que nosotros, reyes del mundo, sobreviviremos a nuestra propia mano. Pero entre ese barullo de inconsistencias crónicas, de arbitrariedades bíblicas, hay un invento magnánimo, el único invento que puede salvarnos de nuestros inventos todos: ese sentimiento, eterno, inalcanzable, místico, herético y erótico, ese sentimiento que despertaste en mi escéptico laboratorio de invenciones, ese Amor, juguetón y soberbio, que me ha sacado de este mundo virtual, para acojerme en otro, más tangible y verosímil, en nuestro mundo real.

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